ALREDEDOR DE LA MESA VII°

II° Edición Virtual Internacional

Papachando reminiscencias

Uruguay

Aludimos a la puesta de la Mesa, impregnados en dos paradigmas, el museal y el histórico-socio-cultural que de ella se desprende. El primero por la datación de sus objetos, tangibles, que están preservados y puntualmente sincronizados en la organización de su presentación. El segundo, conforma una mirada retrospectiva de espacio-tiempo, para hurgar en el telar de las memorias y sus hilos invisibles que nos tejen añoranzas significativas, atemporales. Los objetos dentro de ese contexto de evocación, cobran la dimensión testimonial de la cultura de la época, que junto con el lenguaje cambia porque es viva y se transforma.

Iniciamos el viaje, visualizando el mortero y su pilón o mano, piezas realizadas en 1914, en ocasión de boda, como parte de sus bienes para el desarrollo sustentable familiar. (Vale decir que hoy cuenta con 107 años de existencia y vida útil, en su tiempo) Fue construido en forma artesanal, manual, de un tronco único de ñandubay, su importancia fue vital para el sustento de la Mesa, dado que se estilaba, cuando se casaban, tener y presentar una dote, dentro del mismo, el terreno, chacra, para cultivar, y obtener de la Pacha mama, lo necesario para vivir, una vida saludable y sustentable. Del trabajo instituido, colaborativo, y educativo, porque toda la familia trabajaba, se compartía con vecinos a través del trueque, productos que no se cultivaban, o que no se tenía, en una convivencia solidaria y responsable, se llegaba a completar una dieta balanceada orgánica natural. En el Mortero, se procesaba el Maíz, que luego se daba diversos usos, para consumo de animales que eran aliados imprescindibles en la tarea agrícola, como los equinos (caballos), y producto básico alimentar humano, la MAZAMORRA. Se hacía al fuego, en fogones improvisados, o realizados con esmero, donde la madre, abuela, hermanas, hijas, cocinaban, en forma genérica, para luego utilizar como plato principal sustancioso en forma salada, incrementado por legumbres y hortalizas cosechadas. Pero también se podía emplear como dulce, agregándole leche y azúcar o miel, algunos con vino y surgieron muchas variantes pos cocimiento del producto, que nos llega como legado hasta hoy día, en una nueva cultura gastronómica.

Con el empleo del Mortero, también se procesaba el GOFIO, y se pulía el arroz con cáscaras, sin duda fue estrella necesaria en la culinaria, como dispositivo manual, a pulsación humana, en el machaque del pilón. La mesa es de 1946, también es manufactura artesanal, y era para amasar el amasijo del pan, es de madera de cedro, rústica, y pulida por su uso temporal en funciones, de doble horario, para hacer y para recibir comensales a su alrededor; que en aquella época era normal que las familias fueran numerosas no solo por sus hijos, sino también por la convivencia de adultos mayores y otros dentro de la misma.

El mantel es ganchillo, con piola que se sacaba de las bolsas de tabaco, previo proceso de aprestamiento e higiene de las mismas. La Sopera, recipiente que era de multiuso, porque se colocaba todo lo que fuese con líquido, ensopados, y la MAZAMORRA, tenía un caldo espeso, enriquecido en sabores y sustancioso por los ingredientes adherentes a su preparación y degustación. La misma es de aluminio con tapa, asas y base, en tanto el cucharón es de alpaca, igual que los cubiertos. Los platos son de loza antigua, grandes y pesados, de color blanco; la fariñera, o portador de fariña, es una pieza totalmente de madera, incluyendo su cuchara para servir. El vaso tiene un ribete dorado, junto con la moringa, que es el botellón de agua, para cuando venían visitas. Como podrán apreciar la mesa admite muchos comensales, dado que antiguamente se tenía pocas sillas, que eran artesanales, o las de precio en familias acomodadas, que ya venían en un juego de comedor con estilos; normalmente eran bancos sin respaldos y largos que permitían hasta seis ocupantes, máxime considerando edades (niños, jóvenes). Los adultos disponían de lugares específicos para sentarse alrededor de la mesa, y también sus sillas y útiles, se seguía un protocolo consentido y enseñando que estaba revestido de respeto y dignidad, reglas de etiquetas formales, que se compartían y trasmitían de adultos mayores a la familia como institución social, motor de las culturas.

Presentamos un plato con el maíz procesado, que se usa para preparar el plato de Mazamorra, hoy día, coetáneo, procesado en fábrica y no artesanal. También se observan las sillas que no son parte del conjunto por su fabricación y tiempo contextual, es como referencias que hacen el nexo de lo antiguo con lo moderno.

Esas costumbres instituidas, trasmitidas fueron cambiando con el tiempo, hacia una cultura competitiva, de consumo voraz de todo y hacia todo, la instantaneidad, hico florecer las tendencias, y los influencer, coach, las familias también cambiaron, lo instituido cambió, todo es nube, pasajero, hasta que me proporcione placer, no importa lo que dejó, ya fue, a otra cosa, la cosificación de las relaciones humanas, que las vemos como naturales hoy día. Las culturas de las comarcas, de los pagos, sobreviven, porque nos invaden otras, y que aceptamos, incentivamos y consumimos aun mirando sin querer mirar como la identidad e idiosincrasia se hacen invisibles en una sociedad globalizada, mundializada cada vez más.

Creemos que Alrededor de la Mesa “APAPACHANDO REMINISCENCIAS”, es un disparador pedagógico museal, que ofrece múltiples lecturas para abordar, diversidad de temas, actuales y candentes que hoy estamos inmersos y no podemos soslayar sus presencias.

Presenta
Museo Pedagógico de Artigas – Mu.P.A
Garzón Nº 594, esquina José P. Varela
Artigas – Dpto. de Artigas
República Oriental del Uruguay